Nov 27

Subimos a la altura de Mercedes y Amorín. Éramos 3, Andrea, Miguel y yo. El viaje era similar al de cualquier Domingo a esa hora con ese rumbo. El ómnibus era de C.O.E.T.C. y hacía calor, íbamos de pie, charlando, con muchas ganas de llegar y bajarnos. El coche estaba lleno de hinchas del Club Atlético Peñarol y su destino era “El Estadio Centenario”. El rival de turno era el “Club Sportivo Cerrito”.

Los fanáticos tienen por costumbre “tomar” y “atrincherarse” en el fondo del ómnibus que los traslada, esta situación milagrosamente mantiene a las viejas alejadas de la puerta trasera.

Lo extraño de esta historia no fue que un plancha trató de balearnos o tomó el control del volante y arremetió contra la sede tricolor, tampoco que se pusieron a fumar “pasta base” en el bondi…lamento pero los señores de Canal 4 (para vos Vilar) no van  a tener suerte con esta historia, aunque pongan la música de fondo más tétrica que tengan en la discoteca.

Trascurrían pocos minutos desde que habíamos subido pagando cada uno su boleto común. De repente una voz femenina, junto con un olor nauseabundo se apoderaron del lugar. El olor tenía motivo de ser gracias a la presencia de un señor que a mi lado vestía campera celeste, casi marmolada por la mugre que la misma poseía. Sin embargo la voz provenía del “asiento del guarda”, que en esta feliz ocasión tiene a bien ser de una mujer. Expuesta, harta, malhumorada, jamás habría pensado que una empleada del servicio de transporte colectivo capitalino sería capaz de algo así. Alzó su voz contra todo el coche y no gritó ningún tipo de “sigan pasando” ni nada por el estilo. Simplemente dijo – ¿A VOS QUIÉN TE PAGA EL BOLETOOOoooo?

Silencio sepulcral de parte de todos los pasajeros que rápidamente la observaron con cara de “estás muuuyy mal”

Este silencio no le generó más que una furia tremenda, y con sus ojos tomando el tinte de la camisa de C.O.E.T.C. exclamó  - ¡¡Síí, A VOOOSS!! ¿QUIÉN TE PAGA EL BOLETO?

La sorpresa de todos era mayúscula y los barra brava de Peñarol se preguntaban entre ellos si todos habían mostrado el arma para que no los molestaran.

Una pequeña voz resonó desde el fondo.

-Yo pedí permiso para subir por atrás.- dijo el sujeto de minúscula potencia vocal.

-¿AAHHH SÍÍÍíí? ¿A QUIÉN LE PEDISTE PERMISOOO? Incisivamente consultó la guarda cada vez más ofuscada.

-¡¡Al chofer!! – Respondió el voluntario para la puteada más grande de la historia.

En ese instante la situación cambió. Todo el odio y la furia que manifestaba nuestra guarda de turno para con el usuario del transporte colectivo capitalino se volcó de un solo movimiento hacia nada más y nada menos que su compañero de trabajo.

- ¿Vos lo dejaste subir por atrás? – Interrogó con mayor agudeza que la vez anterior.

-Sí…yo lo dejé – Respondió el chofer con la voz de un niño que sabe que la embarró hasta el fondo.

- ¡¡PARÁ EL ÓMNIBUS!! – Dijo de forma que nos sorprendió a todos y respondimos mirando con nuestra mejor cara de “¿me estás jodiendo?”

- ¡¡GULP!! – fue la mayor reacción del chofer.

- ¡¡QUE LO PAAAREEEEESSSS!!

- FFFFIIIIII – (Onomatopeya de la flor de frenada que dio el chofer)

- ¡Tomá! – La señora guarda imprimió el boleto en la super moderna máquina y se lo alcanzó por la ventanilla al chofer que ya se encontraba abajo del ómnibus.

La gente comenzó a murmurar, la cara de la mujer era increíble. Su rostro estaba rojo, su color de pelo rubio (me hice la tinta hace 3 meses), y su boca torcida la convertían en una especie de Rocky Balboa Uruguayo pero en una versión bastante más plancha. Los comentarios eran del tipo “No podés”, “Daaaleeee Cooorrnuuuuudoooo”, “Tenemos que llegar al estadio” y el infaltable “hay gente que tiene que llegar a trabajar, daaaleee cheee”

De repente se escuchó – ¿No tenés cambio flaco? Paaa…bueno aguanta. – El chofer volvió hacia la ventanilla de adelante y le alcanzó un billete de $ 20.

- Tomá los $ 4 de vuelto. Apurate – Insistió la señora de la felicidad pronunciada en el rostro.

El chofer volvió corriendo hasta la puerta de atrás del coche y le dio en la mano el cambio al generador del conflicto. La hinchada aurinegra no lo soportó más y comenzó a aplaudirlo entre elogios e insultos.

El conductor una vez más se desplazó sobre si mismo a una velocidad patética, intentando “correr”.

Al subir al ómnibus volvió a recibir aplausos de más de la mitad de los pasajeros. Su rostro estaba sonrojado por la vergüenza, el de la guarda estaba rojo por la furia. De todos modos se había salido con la suya, logró cobrar el boleto sin moverse y humilló al chofer por faltar a las reglas.

Por algo pusieron mujeres a trabajar como guarda de ómnibus.

Alejandro Barrios

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Nov 25

A Susana Lisanti

Flotaba en el agua, su cuerpo estaba totalmente destruido por las piedras. La presión de las cataratas la había golpeado una y otra vez contra el fondo, rasgando sus prendas, su piel y su alma.

Ellos caminaban como todos los turistas, pero al ver esto ya no deseaban continuar. Una integrante del grupo no pudo evitar imaginarse en esa situación. Su compañero trataba de justificar lo que entendía era un suicidio.

La muerta seguía flotando y su cuerpo se golpeaba contra todo lo que se cruzaba frente a ella, el espectáculo era inmundo.

Rápidamente los guías explicaron que la muerta se había suicidado saltando desde lo más alto de la catarata. Nadie tenía por que creerles, pero la gente no se detuvo un solo momento para cuestionarlo, solo abrieron sus bocas, sus ojos y absorbieron la  información, como si de un noticiero se tratara.

Ella siguió el caso por internet luego de regresar a su país, finalmente descubrieron que “La Muerta” había sido asesinada por su esposo; él tenía una amante y no el coraje suficiente para dejar a su mujer, pero si lo tuvo para acabar con su vida.

En las profundidades de la catarata aún pueden encontrarse restos de su ropa, atrapados y destruidos.

Años más tarde, el asesino apareció en la misma catarata, flotando, y su amante en prisión. Nunca se supo si efectivamente ella decidió tomar la misma fórmula para deshacerse de él, pero hasta el día de hoy, en la catarata, se observa la sombra de una mujer, empujando hacia abajo a un hombre y mientras ríe a carcajadas, salta al fondo del agua.

Alejandro Barrios

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Nov 22
"...Yo quiero seguir jugando a lo perdido..."

"...Yo quiero seguir jugando a lo perdido..." (Silvio Rodriguez)

Mi fachada estorba a los inocentes

el aire de mis labios los convoca más

constato las miradas intermitentes

y preguntan: ¿tú imagen? ¿donde estás?

 

insisto en negar las cabezas altas

hordas innecesarias de obviedades

conviven tras melenas poco aptas,

ejecutan partituras no reales

 

esa sonrisa, rostro planificado

disimula y aumenta su evasión

mientras fomentan su cráneo mutilado

surge mi voz y aplaca su condición

 

mentes del abandono detallen todo

esos inventos son dignos de publicar

adjudiquen superfluos a cada poro

!ya surgirá un muro para despertar!

 

Facundo Cartagena
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Nov 22
Como el periodista miente

Como el periodista miente

Nostalgia, tristeza   Cansado

Lectura, interpretación    Cotidiano

Sinceridad,  Amigos    Extraño

Alegre, ¿feliz?     Mentira

Mentir…Como el poeta miente

a diario

Como el periodista, miente

a diario

Como el infiel, miente

a diario

Como los diarios,

que tienen entre sus páginas a:

Poetas, periodistas

infieles, editores

MENTIROSOS.

Alejandro Barrios

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Nov 04
Los Reyes Vagos

Los Reyes Vagos


Cuando era pequeño me hicieron creer que la aventura de los reyes magos duraba solo un día. De grande comprendí que eso era mentira ya que no me daban los números ni siquiera tomando en cuenta los usos horarios. ¿Cómo hacían estos 3 fenómenos para estar en China y en América del Sur al mismo tiempo?

Solo me quedó descubrir la triste realidad.

China no cree en los Reyes.

Tiempo después, ya tenía unos siete años de edad. Me sucedió lo que tarde o temprano le sucede a todos los niños del mundo. Me desilusioné. Claro, yo había crecido con una imagen de los reyes, la de unos buenos tipos que llegaban y te dejaban unos regalos en los championes (nunca cedí a dejar los zapatos), y  lo único que  pedían a cambio por soportar el funesto olor a pata de esos championes que uno dejaba (siempre eran los más queridos, los mismos que te acompañaban todo el día y terminaban en cada partido de fútbol de la escuela, de la esquina con amigos y de repente en el pasillo del edificio en donde vivíamos),era un poco de pasto y agua (para los camellos), ojo!!! LOS CAMELLOS!!! Seguro que los señores no tomaban agua o se armaban vaya a saber qué con el pastito que uno cortaba amablemente pensando en los pobres animalitos cargados de bolsas de regalos, con espadas láser, muñecas, pelotas de todos los tipos de deportes, computadoras, bicicletas, BICICLEEEETAAASSS!!  ¿A quién alguna vez no le trajeron una bicicleta los reyes? Era el clásico regalo de ellos. Parecía que uno era tan nabo que pedía siempre la bicicleta. No importa…ya pasó.

La cuestión es que estos sujetos y ni hablar de los camellos que bajaban la cabeza a nivel del piso para tomar el agua y comer el pasto, seguían soportando año a año el olor a pata de cada par de championes de los pequeñitos. Recuerdo que un año decidí experimentar para saber cómo ellos evaluaban lo que era portarse bien. Suponía que una forma de saber si alguien cometía muchas travesuras era si tenía demasiado olor en los championes que dejaba. Entonces, a raíz de esto, el Rey Mago que correspondía (o en la clase alta los 3 Reyes), dejaba los regalos que se adaptaban a las necesidades del sujeto en cuestión: Yo.

Para esto conté con la complicidad de mi abuelo (un viejo absolutamente delirante) y durante la noche, luego de que todos se acostaran, él llegaría como todas las madrugadas (manejaba un taxi en esa época) y cambiaría los championes viejos y sudados por los nuevos que me había regalado “Papá Noel”.

A la mañana siguiente descubrí la triste realidad, aquello que no podía saber, lo más negro, nefasto y doloroso, el secreto más oscuro que mi familia pudo haber guardado durante años.

Todo porque los championes nunca fueron cambiados.

El viejo delirante, estaba desempleado.

Alejandro Barrios

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Nov 01
"Tanto penar para morirse uno...." (Miguel Hernández)

"Tanto penar para morirse uno...." (Miguel Hernández)

 

Presento mi sed torrente

que corre, transgrede, brota

me atrapa ya su pendiente

para ahuyentar mi boca

 

quiero devorar tus penas

absorverlas sin temores

y así aliviar puedas

aquellos torpes temores

 

siento en tí el desprecio

pero quiero contradecir

y consigo lo espeso

hasta tu brillo percibir

 

fuerzas! ya a resignar!

último intento de latir

pero no creo organizar

lamento, despojo, morir

 

FACUNDO CARTAGENA

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