Cuánto tiempo podría esperar una taza de café? (Parte 1) Otra vez
Feb 23

La taza de cafe

Caminamos por el resto de la galería mirando las vidrieras de las distintas tiendas en dirección a la calle Guayabo, salimos por esa puerta y saludó a una chica que estaba sentada en el bar. – Ella es Analía – comentó. A lo que solo respondí – Sí? – Sabiendo que alguna vez la había mencionado en alguna historia sobre el trabajo pero que no estaba presente en mi memoria para ese entonces.

Cruzamos la calle y nos acercamos hacia Gaboto, una vez allí caminamos hacia Rodó y vimos un kiosco abierto, entramos y tomé 2 refrescos “Cola”. Le pregunté a Andrea si quería algo más y dijo que no, yo tampoco quería otra cosa, solo tenerla cerca. Fuimos rumbo a 18 de Julio y acordamos que si volvía caminando iba a demorar lo mismo que si hubiera hecho la cola del tercer piso y me fuera en ómnibus, por tanto, iniciamos el viaje mientras charlábamos sobre nuestras actividades diarias y lo bien que pasábamos juntos; desde la cafetería del gaucho el fuerte aroma a café me desequilibraba una vez más. Le pedí por favor que camináramos más rápido para no tener complicaciones en el trabajo, ya se acercaba la hora de hacer los bancos, el celular comenzó a sonar y no se detuvo hasta que llegué a la oficina, obviamente porque no estaba dispuesto a atender mientras disfrutaba de su compañía. Luego de compartir el viaje hasta la calle Paraguay nos despedimos, prometiéndonos volver a repetir el camino, y yo salí a toda velocidad por 18 de Julio; ya en Río Branco subí e hice entrega de los dichosos certificados que me habían permitido todo ese camino de felicidad. Entre gritos, sonidos de la fotocopiadora y llamadas telefónicas, que no se detenían ni un instante, fui al baño. Desde allí escuchaba como le explicaban a mi compañera todos los depósitos que yo debía hacer en los distintos bancos. Al salir, fui a la cocina a buscar un poco de agua y la taza se encontraba allí, aún intacta, con cierta expectativa, controlando cada uno de mis movimientos y preguntándose cuanto más iba a demorar.

La urgencia llamó una vez más y gracias a ella salí con una sensación extraña en el pecho, sabía que tenía 50 minutos para hacer los depósitos en 4 bancos, algo no andaba bien.

En tres de esos bancos no tendría mayores problemas, ya que los depósitos se realizaban en cajeros automáticos, era cuestión de minutos entrar al banco, esperar en la fila, tomar el sobre, guardar “los valores” junto con el ticket del depósito en el sobre, y luego partir rápidamente hacia otro banco. Los tres primeros fueron cuestión de 35 minutos.

Al entrar al BROU de 18 de Julio esquina Julio Herrera y Obes, la fila para depositar en las cajas recorría todo el largo del edificio, en total eran unos 35 mts aproximadamente. Fui al final de la fila y me sumé a la larga espera, puse mi MP3 y empecé a escuchar música, no pasaron 2 minutos y el tic tac del reloj del Banco no paraba de sonar en mi mente, cada vez el sonido era más fuerte y golpeaba mis tímpanos desviando todos mis pensamientos. Busqué en mi bolso y encontré un libro de Paul Auster, “Trilogía de Nueva York”. Comencé a leer y los murmullos entre la gente eran insoportables, “No puede ser que demoren tanto”, “Para esto les pagan”, “Mirá, ahora que se llenó de gente se van a juntar en el fondo. Qué tienen Asamblea hoy?”. El reloj dio las 17:00 casi enseguida, lo que me dejó fuera de la oficina, la taza de café sufre con el último sonido de la cerradura cerrándose.

El portero del BROU avanza moviendo sus ojos para asegurarse de que nadie llegue al banco tratando de  entrar en el minuto final. El cajero de “La 1″ le grita – Cerrá de una vez por todas! –  Mi mente viaja y cruza la avenida 18 de Julio, sube los 3 pisos en la esquina de Río Branco sube por los aires e irrumpe por la ventana principal, entra a la cocina y la veo, tenue, apagada, con las luces bajas, el café aún dentro de ella, el azúcar también. Cuando noto que mi mente está contemplando la taza y mi cuerpo está frente al cajero congelado, le entrego el dinero y le digo cuanto es el total del depósito, número de cuenta y sucursal, le agradezco la atención y resignado ya, camino hacia la facultad ya que no tengo la llave de la oficina y no podré volver hasta el día siguiente. Sin dinero y con más frío del previsto soporté todo el horario de la facultad. En casa comí una vieja tortilla de papas que habia quedado del día anterior y solo tenía agua para tomar.

Finalmente, al llegar a las 09:25 A.M. a la oficina, en la mañana siguiente, pasé casi sin saludar directo a la cocina, calenté el agua en la caldera y la vertí dentro de la taza que aún conservaba el viejo café y su correspondiente azúcar.

Tomé el café sintiéndome muy felíz por haber logrado saciar ese deseo, mirando por la ventana a la gente pasar con bermudas y musculosas, comienzo a sudar a causa del café fuerte y caliente, afuera hay 25 grados y el sabor del café me volvió a la vida.

FIN

Alejandro Barrios

5 Responses to “¿Cuánto tiempo podría esperar una taza de café? (Última parte)”

  1. Andrea dice:

    Gracias!

  2. es tan bueno, que no sé que comentar…sólo diría ¡excelente!
    gracias por compartirlo.
    un beso

  3. Jioll* dice:

    Uff nene qué relato!
    Cuánta fluidez en tu texto! Debo decir que con Charlie Hunter y mi café con canela en mano mi ansiedad se calmaba por momentos.
    No sólo me moría por un café sino por volver a Montevideo.El sólo hecho de nombrar unas calles y recordarlas era querer estar ahí.
    La próxima vez que ande por allá nos tomamos un café con bizcochos rellenos. ^^

    Beso!

    LEila.

  4. Gaby Pascher dice:

    Querido Ale:
    Tarde pero llega algún comentario. Tu decís que positivo o negativo. Te adelanto que no va a ser negativo. En realidad no soy alguien que está corrigiendo nada. Solo te voy a explicar lo que sentí cuando leí la historia del café: DESESPERACIÓN y COMPLICIDAD con el protagonista!!!!.
    Me gustó muchísimo el relato y la descripción detallada de los lugares. De más está decir que son muy conocidos y algunos para mi archiconocidos (pues son mis lugares de trabajo)… me parecía rarísimo y pude imaginar la situación perfectamente, cual si fuera una película que utilizó el “escenario prestado” (porque los verdaderos personajes de la vida real no estaban allí).
    Muy muy interesante.
    Te mando un beso y mis cariños. Realmente me gusta este tipo de cuentos y de historias, con muchaaa influencia del Maestro J. C. Onetti.

    Gaby

  5. Marlene dice:

    Hola Ale :)

    Me encantó esta historia, de verdad… la disfruté muchísimo. Me encanta esa curiosidad que se produce en mi cuando leo los nombres de las calles y las imagino como yo quiero.. obvio, porque no las conozco… pero quisiera conocerlas, Gaboto, Rodó, Río Branco, Julio Herrera… BROU ( qué es eso ¿un Banco? ) y te imagino transitando y veo tu cara y visualizo perfectamente tu desesperación por el café… la misma desesperación cuando al llegar casi al final.. pensé que jamás la tomarías… en serio!!! lo pensé, sólo una fracción de segundo y me latió el corazón… pero si.. si sucedió y no sabes como disfruté yo también… ese café.

    Es curioso ¿sabes? yo tengo una historia.. personal…. y parte de ella trancurre también en un banco. Es curioso.. coincidir ¿no?

    “Si la vida se sostiene por instantes
    y un instante es el momento de existir
    si tu vida es otro instante… no comprendo
    tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio…
    y coincidir”
    ( Estrofa de una canción mexicana )

    Un gran beso, mi admiración y mi respeto.
    Con cariño,

    Hasta siempre ;)
    Marlene

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